Contrato de Administración

Fibras amazónicas que gestan la autonomía de las mujeres Shi’Oi

Entre lianas de tamshi, cortezas de yanchama y cogollos de aguaje, las artesanas Shi’Oi mantienen vivos los saberes ancestrales que tejen la memoria del pueblo Ese Eja. 

Para recolectar los recursos del bosque que las artesanas de Palma Real utilizan en sus creaciones, hay que despertar muy temprano y adentrarse en los bosques de la Reserva Nacional Tambopata. La caminata puede durar horas e incluso varios días de campamento en plena selva. Como las trochas no están delineadas, el camino se vuelve sinuoso; sin embargo, Teófila, que encabeza el grupo, marca la ruta con el machete que sostiene en una mano, abriéndonos paso mientras seguimos su ritmo. 

Pese a que la zona está cubierta de hierbas y matorrales, ella avanza con unas sandalias blancas que parecieran suficientes para atravesar pendientes y senderos estrechos. Para ella, este lugar forma parte de las memorias construidas por las mujeres Ese Eja, quienes lo han recorrido durante décadas con la confianza de quien habita un territorio propio. 

A medida que nos internamos en el bosque, los sonidos se vuelven más profundos: silbidos de aves, chillidos de monos, golpes secos de ramas que ceden con el viento. Para las artesanas, todo esto es familiar. Desde niñas recorren estos caminos primero con sus abuelas, luego con sus madres y hoy con sus hijas e hijos, para que conozcan el bosque que les ofrece la materia prima con la que sostienen su autonomía. 

“Vengo aquí desde los diez años, desde que era muy pequeña. Conozco estos bosques desde hace cuarenta años”, cuenta Jesusa, hoy sobre los cincuenta. 

Teófila Saavedra, artesana Ese Eja recolectando Tamshi.

Esa mañana esperan encontrar dos materiales principales: la liana de tamshi y la corteza de yanchama, fibras naturales con las que elaboran la vestimenta tradicional, productos domésticos y artesanías para su comercialización. 

“No es fácil buscar tamshi. Ya no se encuentra tan rápido como antes. A veces caminamos un día entero para hallarlo, o vamos a otras zonas del bosque para tener más posibilidades”, explica Teófila Saavedra, presidenta de la Asociación de Artesanas Shi’Oi. 

La fibra de tamshi ha sido fundamental en la vida amazónica porque se emplea en la construcción de casas, en utensilios y en artesanías. Pero el uso excesivo ha puesto a la especie en riesgo.

“Para recordar nuestra cultura” 

 

El bosque ha sido una escuela que les ha enseñado a identificar cada árbol con el que se cruzan. Entre risas dudosas van mencionando especies como pashaco, castaña, ojé o shihuahuaco: saberes ancestrales que reflejan la relación profunda de los pueblos indígenas con sus territorios. 

Tras varias horas de caminata, llegan a una zona de árboles frondosos donde cuelgan largas lianas de tamshi. Las tres mujeres, Teófila, Jesusa y Domilda, se juntan para jalar suavemente la liana y luego cortarla de manera sostenible “para que vuelva a crecer pronto”, como dice una de ellas. El manejo sostenible implica seleccionar lianas maduras de al menos 1,5 metros, cortar las partes secas y dejar intactas las plantas jóvenes, lo cual permite la regeneración del bosque.

Doriz Ekiney, en los bosques de la Reserva Nacional Tambopata.

En la actualidad, estas prácticas no dependen únicamente del conocimiento transmitido por sus abuelas. Gracias al contrato de administración entre SERNANP y AIDER en la Reserva Nacional Tambopata, las artesanas han recibido acompañamiento para fortalecer sus técnicas de aprovechamiento sostenible del tamshi, la yanchama y el aguaje. Esta cogestión no solo protege la biodiversidad del área natural protegida, sino que también impulsa oportunidades de desarrollo para las familias que viven del bosque. Así, el caminar de las mujeres Shi’Oi se sostiene tanto en la sabiduría ancestral como en un modelo de conservación que reconoce su rol como guardianas del territorio. 

“Antes mis abuelas llenaban un saco de tamshi y recién volvíamos a la comunidad. Con eso hacían cestos para colgar pescado, para guardar frutas o ropa en nuestras casas”, recuerda Jesusa, evocando los usos que sus antepasados han dado históricamente a este recurso. 

También encuentran varios árboles de yanchama, cuya corteza luego se transformará en una tela que, antiguamente, formaba parte de la vestimenta Ese Eja o servía como abrigo y hamaca. Aunque sus usos han variado, la yanchama mantiene un profundo valor cultural: es símbolo de identidad y de la memoria de sus pueblos. 

Luego, en el trayecto de regreso, encuentran cogollos de aguaje, cuya fibra se obtiene del corazón de la palmera para producir hilos finos. Con ellos tejen desde aretes hasta mochilas resistentes que hoy exhiben en las ferias de arte más importantes del país. 

Al terminar la jornada y volver a la comunidad, las mujeres celebran haber conseguido suficiente materia prima para asegurar ingresos que sostendrán a sus familias y permitirán que sus hijos continúen en la escuela. 

“Cuando vemos que no tenemos dinero, nos vamos al monte a buscar nuestras fibras porque necesitamos solventar a nuestras familias. Si no, ¿con qué vamos a comprar sus alimentos?”, comenta una de ellas.

Mercedes Guahojehua reúne la materia prima con la que elaborará sus piezas aretesanales.

Así, los recursos que les ofrece el bosque no solo representan una alternativa sostenible de subsistencia, también fortalecen la agencia femenina y amplían las posibilidades de construir un futuro donde la conservación del territorio se entrelace con el progreso de las comunidades nativas. 

El contrato de administración de la Reserva Nacional Tambopata y del Parque Nacional Bahuaja Sonene, liderado conjuntamente por SERNANP y AIDER, busca precisamente eso: asegurar la protección del bosque y, al mismo tiempo, garantizar que quienes han vivido de él por generaciones encuentren caminos para su desarrollo. Entre estos caminos, el trabajo de las mujeres Shi’Oi se ha convertido en un ejemplo de cómo la autonomía femenina puede crecer desde el territorio, con prácticas sostenibles que preservan la vida del bosque y la de sus comunidades.