Contrato de Administración

Del río Madre de Dios a las aulas de Nopoki

Estudiantes de las comunidades nativas Palma Real y Sonene acompañados de sus familias antes de su viaje a Ucayali.

Son las ocho de la mañana y de dos motocars descienden seis jóvenes del pueblo originario Ese Eja en los exteriores del aeropuerto Padre Aldamiz, en Puerto Maldonado. No llegan solos. Detrás de ellos aparecen comuneros de Palma Real y Sonene que han madrugado para despedir a sus hijos, sobrinos, hermanos y nietos.

Cuando uno de los suyos parte, parte la comunidad entera. Bien lo sabe Pilar, que navegó durante más de dos horas por el río Madre de Dios para llegar a la ciudad y despedir a su hijo Lucas. Le sostiene el hombro, luego desliza la mano por su espalda. Lo mira a los ojos y le sonríe apenas, sosteniendo en ese gesto todo lo que no alcanza a decirle en voz alta.

Comienzan a ordenarse para ingresar a la sala de embarque. Se acomodan las mochilas -unas sobre la espalda, otras en el pecho-. De una de ellas asoma una cushma, la túnica tradicional que los Ese Eja llevan con orgullo.

Los abrazos se extienden más de lo habitual. Alguien los acomoda para la fotografía final. Sonríen; algunos miran de frente a la cámara, otros bajan la mirada y guardan las manos en los bolsillos. La fila avanza: es hora de partir.

Ese vuelo los llevará hasta la región Ucayali. Allí iniciarán sus estudios en la sede Nopoki de la Universidad Católica Sedes Sapientiae, donde permanecerán los próximos cinco años.

Antes, estudiar significaba salir de la comunidad. La posibilidad de terminar la secundaria era muchas veces lejana. Algunos jóvenes lograban ingresar a albergues administrados por las congregaciones católicas, en Puerto Maldonado mientras terminaban sus estudios escolares. La universidad, en cambio, parecía tener una distancia mayor.  

Hoy, esa distancia comienza a acortarse. Seis jóvenes, entre 17 y 19 años, provenientes de Sonene y Palma Real, se suman al primer grupo de cinco que ya cursa estudios superiores en Educación Bilingue Intercultural y ahora también Ingeniería Agraria con mención Forestal.                          

La suma de once estudiantes Ese Eja a Nopoki no solo representa un mérito para sus comunidades. También abre una posibilidad inédita para Madre de Dios que, en algunos años, tendrá de vuelta a estos jóvenes capacitados profesionalmente para enseñar en su propia lengua, planificar la gestión de sus recursos y participar en el cuidado de sus territorios que colindan con la Reserva Nacional Tambopata y el Parque Nacional Bahuaja Sonene.

En una región atravesada por actividades extractivas ilegales como la minería, fortalecer la educación intercultural no es solo una apuesta académica. Es una forma de preservar el conocimiento sobre la biodiversidad, que ha sido transmitida durante generaciones y que también es ciencia indígena.

Abigail Viaeja Sehue, es una de las jóvenes que ingresará a Nopoki, tiene 18 años y terminó la secundaria en el colegio Santa Cruz donde vivió en el internado. Pronto volverá a esa misma rutina, esta vez en la universidad.

Responde desde su comunidad, al otro lado del teléfono, que eligió la carrera de educación bilingue porque quiere preservar su lengua originaria “no hay profesores bilingues de mi comunidad y quiero apoyar a los niños que no saben nuestro idioma», afirma, sin duda.

Cuando se enteró que ingresó a la universidad, su madre Nerma, fue a la primera que llamó para darle la noticia. “Se puso a llorar, estaba muy contenta”, recuerda. Fue ella quien la impulsó a seguir estudios superiores y la animó a salir de su región para crecer profesionalmente.

Desde que Nerma forma parte de la Asociación de Mujeres Artesanas “Masheke”, ha incrementado los ingresos familiares a través de la venta de sus productos en ferias a nivel nacional. Su participación en espacios de liderazgo y toma de decisiones ha ampliado las oportunidades para sus hijos. Ahora, esa apuesta se proyecta en la universidad.


Quien también logró el ingreso a Nopoki fue Dilvert Dejaviso Ochoa. Egresó de la I.E.B.R. N.° 52090 ENAWIPA, en la comunidad nativa Palma Real, y ocupó el primer lugar de su examen de admisión. Desde entonces, su meta estaba clara. Ingresar a esa casa de estudios. La influencia de su hermano -actual presidente de su comunidad- y de su madre, también artesana de Masheke, fue decisiva durante la etapa de preparación hasta llegar al examen de admisión.

Dilvert Dejaviso Ochoa, comunidad nativa Sonene, hijo de artesana Masheke y hermano del actual presidente.

Gracias a su destacado rendimiento académico pudo elegir entre Ingeniería Forestal, Administración y Educación Intercultural Bilingue. Optó por esta última. Como Abigail, quiere regresar a su territorio y “no depender solo de profesores que llegan de otras regiones”.

“He visto cómo mi hermano y mis padres se involucran en las actividades de mi comunidad y me imagino a mí haciendo lo mismo con los niños de la escuela para que nuestra lengua no se olvide”, afirma Dilvert.

Cuando habla de esas actividades, se refiere a la recolección de recursos del bosque, la pesca artesanal y la agricultura familiar con las que su familia sostiene sus medios de vida.

Este viaje no ocurrió de manera espontánea. Detrás hubo meses de gestiones entre la sociedad civil y el Estado para acompañar su camino hacia la universidad. El proceso contó con el acompañamiento del Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (SERNANP), el Vicariato Apostólico de San Ramón, la Universidad Católica Sedes Sapientiae (UCSS) – Sede Nopoki, en alianza con la Sociedad Zoológica de Fráncfort – FZS Perú y la Asociación para la Investigación y Desarrollo Integral (AIDER).

El vuelo no parte solo con los once estudiantes Ese Eja. Parte con la ilusión de un pueblo indígena que espera el retorno de los suyos para custodiar la herencia cultural de sus sabios. El regreso de estos jóvenes no será solo académico, sino también comunitario.

Siete jóvenes Ese Eja se unen a la universidad Nopoki de la Universidad Católica Sedes Sapientiae.